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El incidente de Halloween. Los monstruos en nuestras aulas

El incidente de Halloween. Los monstruos en nuestras aulas

03/11/2026 0 comentarios

Kike Pinel

Ya no es noticia que España se llene al final de cada octubre de recreaciones de brujas, vampiros, miembros del Juego del Calamar, supervivientes de La Purga o ladrones de La Casa de Papel. Hemos importado la versión comercial del Samaín celta y ya forma parte de nuestra cultura popular, siendo un festejo más previo a la Navidad. Nuestra juventud evoca esos mitos terroríficos de forma lúdica, pero también de otros monstruos más reales. Hace pocos años, en un instituto de Leganés, como podía haber pasado (y es posible haya pasado) en cualquier punto de país, un menor racializado eligió interpretar a Adolf Hitler luciendo su parafernalia nazi y su inconfundible bigote. La entrada al centro generó un estruendo de vítores entre sus compañeros, entre los que se mezclaban los “hail Hitler” con los “viva Franco”, teniendo muy viva esa conexión en su imaginario colectivo. Mientras se aplaudía, el momento era inmortalizado con selfies portando la esvástica haciendo el saludo nazi, incluso por compañeros de origen asiático o suramericano.

En la labor de oscurecimiento de nuestra historia reciente, los alumnos de Leganés desconocen la existencia del monumento dedicado a los españoles víctimas del nazismo en campos de concentración como Mauthausen, en recuerdo en especial a los vecinos de Leganés Gregorio Pérez Maroto y Antonio Gallego. Su monumento permanece debidamente oculto y abandonado en un recoveco del Parque de la Segunda República. Tampoco conocen que nuestro municipio alberga una de las colecciones bibliográficas más importantes de España dedicada al Holocausto judío, situada en el Centro Territorial de Innovación y Formación CTIF Madrid Sur. Las cerca de dos mil obras de la Biblioteca del Holocausto, entre libros y documentales, son absolutamente invisibles como recursos para explicar y recordar el hecho más terrible de la historia reciente y su conexión con nuestra dictadura. No se usan para combatir lo que se incita en las redes sociales.

Según la última encuesta de intención de voto efectuada el mes pasado por el Grupo Prisa, la ultraderecha es la opción preferida entre los jóvenes, con un 27,47% de los jóvenes de entre 18 y 24 años que votaría a Vox. El segundo partido más votado es el PSOE, con un 21,02%, seguido del PP, con un 12,92%. Politólogos como Manuel Rodríguez identifican que para los jóvenes la extrema derecha es el “nuevo punk» y los chavales que nacieron a partir de 2010 llevan gran parte de su vida adolescente viviendo bajo el Gobierno socialista, al que pueden culpar de su desencanto hacia algunos valores sociales actuales. Pero es un punk distinto, es un punk que cuenta con padres que lo normalizan en casa, con el aliento de radios, televisiones y, sobre todo, creadores de contenido y los algoritmos de sus plataformas. El sociólogo y consultor de Metroscopia Ignacio Urquizu identifica que entre los menores de 35 años se encuentra la generación de jóvenes más conservadora de la democracia española. Indica que casi el 38 por ciento rechazan pagar impuestos, casi el 80 por ciento creen que el Estado no funciona y que el 20 por ciento creen que un sistema autoritario podría ser bueno en determinadas circunstancias. El argumentario de los youtubers de Andorra.

La mayoría de los creadores de contenido que se han posicionado políticamente están en la derecha. Capaces de jugar al Minecraft en un escenario llamado Fachaland que tiene como capital una versión digital de El Valle de los Caídos, sacar temas como «Fachas héroes» para «luchar contra la corrección política, contra el totalitarismo del nuevo comunismo, contra los grupos de presión LGTB, contra la dictatura progre y contra el pensamiento único de extrema izquierda que recorre Occidente» y también participar en campañas publicitarias de multinacionales de hamburguesas. El pensamiento reaccionario radical se ha movido desde los cientos de miles de centennials, los nacidos después de 1997, a las generaciones todavía más jóvenes envenenando sus medios de comunicación y hablándoles en su lenguaje. Llegándoles.

No nos podemos sorprender de la banalización del horror y el negacionanismo de Holocausto por nuestra juventud en un país que se encuentra a un mes de que posiblemente V0X entre a gobernar como socio preferente del PP. La normalización del fascismo en los medios de comunicación y el olvido de nuestra historia ha seguido un patrón similar al resto de Europa. El ascenso ultra desde la marginalidad a las posiciones de poder no ha tenido en nuestro país la vacuna esperada de una dictadura fascista de cuarenta años. Tener las cunetas regadas de cadáveres no ha servido para prevenir frente a la ideología del odio que vuelve a infectar a nuestras hijas e hijos. Seguramente era muy complicado subvertir el franquismo sociológico que caló en los huesos de la nación tanto tiempo, pero el silencio y la cobardía institucional han logrado que se blanquee y se idealice un régimen criminal para parte de la juventud.

 

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