Kike Pinel.
El santo patrón de Leganés no es excesivamente conocido entre el pueblo, pero en los archivos de la Iglesia se relatan sus diversas habilidades para obrar milagros. Desde curar la disentería a resucitar a los muertos. Incluso logró acabar con un dragón, como nuestro Nensi, o con un ejército de demonios mientras predicaba la buena nueva en la Galia en el siglo I, casi coetáneo de Asterix. Después de ser martirizado y decapitado por sus convicciones religiosas, recogió su propia cabeza y salió corriendo dirección Rouem hasta que se desplomó. En el lugar de su caída se alzó su primer templo, en el que siguió haciendo milagros. En Leganés se documenta que se le profesa fe desde al menos 1580, contando con Cofradía desde el siglo XVII. Se acogió a un santo con facultades curativas en un Leganés cenagoso propenso a epidemias, solicitando al arzobispo de Toledo, Francisco Ximénez de Cisneros, que intercediera ante el papa Alejandro VI para conseguir un patrón al que encomendarse frente a la enfermedad.
Entre 1772 y 1780 se erigió en la antigua entrada oeste del municipio la ermita al santo por encargo del Marqués de Leganés. Se atribuye el proyecto al arquitecto Ventura Rodríguez. Es el último vestigio en el barrio anterior al 1900. En los años 40 y 50 se construyeron en San Nicasio los primeros bloques de pisos del municipio. En los años 60 el barrio creció enormemente, nutrido por la emigración interna de familias que procedían mayoritariamente de Castilla, Andalucía y Extremadura. Las huertas se transformaron en un entorno urbano mientras se consolidaba la devoción popular al santo y se mantenía la tradición el 11 de octubre. Las fiestas de San Nicasio tenían un cariz religioso centrado en actos en la ermita. Como en la mayoría de barrios obreros, los festejos fueron evolucionando gracias a la organización vecinal de forma autogestionada, desarrollando verbenas populares. En los 80 y 90 llegaron los conciertos, como Revolver y Sándalo en 1994 o Ella Baila Sola y Camela en 1995. Las fiestas populares se fueron pudiendo disfrutar en San Nicasio más allá de la devoción.
Después de décadas, este año el pregón ha vuelto del recinto ferial a la ermita de San Nicasio. No se puede esperar de un gobierno del Partido Popular respeto a la laicidad institucional a estas alturas, pero el cambio es tremendamente simbólico. Como hacía el anterior alcalde, el socialista Santiago Llorente, nuestro actual regidor participa en misas y romerías, junto a su socio en el gobierno, en su calidad de cargo institucional. Pero ahora también arrastra el pregón de las fiestas desde un espacio popular que acoge a todos a un lugar primordialmente religioso, volviendo a unir la festividad y la religión. El representante institucional de todo el municipio decide que el pregón ya no sea un espacio de unidad y orgullo de barrio para teñirlo de su ideología disfrazada de tradición. Esto encaja perfectamente con la estrategia del PP de Madrid de mantener fervientemente los símbolos de la tradición cristiana y la participación de autoridades en eventos religiosos institucionales. El retorno del pregón a su ermita ha sido el primer milagro en San Nicasio en sus fiestas de 2026.
Llevándose el pregón a su espacio ideológico también se desactiva la protesta pública. El pregón de estas fiestas ha sido un momento habitual en las reivindicaciones sociales, sindicales y de crítica política. En 2013 se llegó hasta a la detención tres vecinos, “los tres del pregón”, después de una intervención policial tras abucheos al entonces alcalde Jesús Gómez y protestas por la asamblea local de 15 M y afectados por las participaciones preferentes contra la subasta de sus viviendas por el IVIMA. Nuestro actual alcalde, segundo teniente de alcalde y concejal de Urbanismo e Industria en aquel 2013, aprendió de lo vivido y ya tuvo demasiada protesta el año pasado con la irrupción de la PAH reclamando vivienda digna y denunciando el precio de los alquileres mientras él intervenía en el escenario. En un momento agitación social y vuelta a las calles, con una plaza de Sol tomada por activistas por la vivienda, llevarse el pregón a la ermita de San Nicasio ha sido todo un acierto para censurar preventivamente cualquier crítica.
El segundo milagro ha sido mucho más poderoso, ya que no se tuvo que lamentar ninguna desgracia personal en el concierto de la noche del 9 de octubre, pese a que el vallado perimetral del recinto ferial convirtió la actuación de Juan Magán en una trampa mortal. Una ratonera sin urinarios accesibles para las aproximadamente20.000 personas que se estima que estuvieron en el recinto durante el concierto. Mientras el consistorio pone en valor su organización de las fiestas de este año, negando el peligro y que ocurrieran momentos de tensión, el azar o San Nicasio salvaron el desastre en un recinto vallado que estaba colapsado, sin comunicaciones móviles y en el que hay imágenes de que se rompió el cordón policial de acceso. Quizá sí sea una prueba de las facultades curativas y protectoras del santo, pero tampoco vendría mal que el consistorio le diese una vuelta a su gestión de eventos multitudinarios. Por si San Nicasio no atiende a los ruegos la próxima vez. A pocos días de que se cumplan 14 años de la tragedia del Madrid Arena, hay que tener respeto a las aglomeraciones.

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