“La silla de ruedas la tengo en el culo, no en la cabeza”

9 mayo, 2014

Una mujer de 27 años con parálisis cerebral y su madre hablan de educación y prácticas sexuales.


La actitud que las familias tienen ante la sexualidad de sus hijos e hijas no siempre pasa por la negación y la evitación. En muchas ocasiones, lo que las familias denuncian es una falta de apoyo, de asesoramiento o de acompañamiento que incremente las redes de interdependencia y la autonomía o autodeterminación de sus descendientes. Entrevistamos a Lola, de 49 años, y a su hija Estela, de 27 años y con parálisis cerebral.

¿Cómo habéis abordado la educación sexual?

Lola: Con muchas dificultades. Realmente ha sido un tabú entre nosotras, es un tema que hemos silenciado como si no existiera, principalmente por mis propios traumas, derivados de los modelos socialmente aprendidos y sus consecuencias, y por no haber recibido ningún tipo de educación al respecto.
Estela: No he recibido esa educación porque la sociedad no está preparada para educar a personas con diversidad funcional sobre su sexualidad.

¿Qué tipo de apoyos habéis encontrado?

L.: Ninguno. Si el sexo de por sí es un tema tabú, aún lo es más si es en personas con diversidad funcional.

¿Y con qué dificultades o carencias os habéis enfrentado?

L.: Una de las principales dificultades es que son como los eternos niños, se les tiene infantilizados y no se les ve como personas sexuadas.
E.: La mayor dificultad es la sociedad, porque cree que la personas con diversidad funcional somos asexuadas y eso no nos deja ser una persona completa. Yo la silla de ruedas la tengo en el culo, no en la cabeza.

¿Qué papel juega para vosotras el cuerpo en la sexualidad de las personas?

L.: Es una parte fundamental para poder conseguir el disfrute de la sexualidad.
E.: El cuerpo tiene zonas erógenas, pero la sexualidad de cada persona está en su ser.

Guías de educación, juguetes eróticos adaptados, asistentes sexuales, talleres de deseos… ¿Qué herramientas faltan en materia de sexualidad en personas con diversidad funcional?

L.: Pues creo que falta todo, desde educación y talleres tanto para padres y madres, como para las personas dependientes, como juguetes eróticos y los medios necesarios para facilitar su utilización con la mayor intimidad y dignidad posible.
E.: Todo lo que has dicho, pero también faltan hoteles con asistentes para que ayuden a parejas en las que ambas personas tengan diversidad funcional.

¿Cómo podríamos seguir forzando la rebeldía sexual?

L.: Visibilizando, normalizando y legitimando el derecho a disfrutar de la sexualidad como algo sano y necesario en la vida de cualquier persona.
E.: Hablando de la sexualidad sin prejuicios ni tabúes. Deberíamos hablar de sexualidad como hablamos de otros temas, porque es una necesidad como comer.

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