La patronal

21 junio, 2013

Resulta que la CEOE, paladín contra lo público, las subvenciones y los salarios mínimos, por poner algunos ejemplos, recibe un montonazo de dinero público y tampoco rinden cuentas, ni entraran en la futura ley de intransparencia.
http://www.eldiario.es/escolar/llorado-muertos-encima-posibilidades_6_144245603.html


Hemos llorado a los muertos por encima de nuestras posibilidades.
El luto es una de las muestras más puras de humanidad, por eso los ritos funerarios surgieron al mismo tiempo que la civilización. Pocas cosas hay más sagradas para cualquier pueblo que honrar a sus muertos y despedirse de ellos. Es algo común en todas las culturas del mundo. En todas, excepto en la cultura troglodita de nuestra impresentable patronal.

Cuando se muere una madre, un marido, una hija o un abuelo, uno no se va de juerga al tanatorio ni emplea esos días de permiso por defunción para llegar al cementerio, echar dos palmos de tierra sobre el féretro y regresar. Es un tiempo para gestionar mil papeleos, consolar a los que se quedan solos y llorar por alguien querido al que nunca más verás. Por eso es tan inhumana esa reciente propuesta de la patronal de reducir el permiso por la muerte de un familiar “porque los viajes ya no se hacen en diligencia” ( literal).

Lo que plantea la patronal, más que a la diligencia, recuerda a la locomotora de vapor: una vuelta paulatina a los peores años de la revolución industrial. La modernidad, según la CEOE, consiste en regresar al siglo XIX eliminando todos los derechos que han logrado los trabajadores. Con el argumento de que la protección del obrero es algo de hace 50 años, la patronal pretende retroceder en el tiempo un par de siglos más.

Desde la CEOE cuestionan el absentismo laboral y ponen el grito en el cielo ante estos mínimos derechos; piden de todo porque de todo les dan. Sin embargo olvidan que el absentismo laboral ha caído a mínimos históricos con la crisis, con el miedo al despido barato de la reforma laboral. En muchos casos, no es que los trabajadores no se pongan enfermos ahora, sino que van enfermos a trabajar. En Alemania –entre otros países europeos– hay incluso permisos para cuidar de un hijo enfermo que aquí no se pueden ni soñar; de la legislación alemana, la CEOE solo reivindica los minijobs.

La modernidad que propugna la patronal se ve también en este gráfico demoledor. En el reparto de la tarta de la riqueza nacional, por primera vez desde que existe esa estadística en España, las rentas empresariales han superado a las rentas de los trabajadores. En los años ochenta, nueve millones de asalariados conseguían el 53% de la riqueza de España. Hoy, con 16 millones de trabajadores, solo llegan al 44,6% y cada mes este porcentaje se reduce aún más, a medida que aumenta la desigualdad. Bajan los salarios, suben los beneficios empresariales. Pero la patronal cada día exige más.

http://www.eldiario.es/escolar/patronal-pagas_6_99800020.html

La patronal también la pagas tú

La inmensa mayoría de empresarios honestos de este país deberían corear un famoso lema del 15-M y dedicárselo con un corte de mangas a la cúpula de la patronal: «¡Que no nos representan, que no!». La CEOE, que tantas lecciones da sobre el esfuerzo y la austeridad de los demás, arrastra un oscuro presente y un impresentable historial. Es una organización que ya está tardando en abrir las ventanas, limpiar bajo las alfombras y pedir públicamente disculpas a la sociedad.
La trayectoria de sus últimos dirigentes es como para hacérselo mirar. José María Cuevas, su histórico presidente, ni siquiera fue empresario; su hijo (al fin un emprendedor en la familia) acaba de ser detenido en una operación contra el blanqueo de capitales. Su sucesor, Gerardo Díaz Ferrán, está en la cárcel, acusado de gravísimos delitos; es el mismo moroso que no pagaba a sus empleados pero tenía dinero para donar varios cientos de miles de euros a Fundescam que se gastaron en la campaña electoral de su amiga, la regeneradora Esperanza Aguirre. Y quien sustituyó a Díaz Ferrán, Juan Rosell, ha tenido esta semana dos patinazos cada uno de los cuales justificaría por separado una dimisión. El primero, asegurar que esos 7,5 millones de euros en «donaciones» que aparecen registrados en los presuntos papeles de Bárcenas tienen poca credibilidad porque son «cantidades ridículas» (¿cuántos ceros hacen falta para que los donativos se parezcan a los de verdad?). El segundo, negar las cifras de paro. Para la marca España, es ideal que el presidente de los empresarios cuestione la estadística oficial.

Rosell también soltó el viernes en la SER una frase para enmarcar: «En la empresa pública ni se controla ni se evalúa». El cazo se lo dice a la sartén. En el 2010, la CEOE gestionó 587 millones de euros. Por comparar, el presupuesto del Congreso y del Senado (141 millones entre ambas cámaras) no llega ni a la mitad de la mitad. El 68% de esos fondos, unos 400 millones, son subvenciones, pagadas por los contribuyentes. La mayor parte de su dinero es público, pero sus cuentas son opacas. La CEOE solo presenta anualmente un mínimo resumen, con menos detalles que el salpicadero de un Seat Panda y solo de la cúpula central. Hablamos de una organización que cuenta con nueve vicepresidentes, una junta directiva de 221 miembros, 486 sedes por toda España y 3.729 empleados. Son los mismos que pregonan la austeridad, llaman vagos a los funcionarios y critican la «mastodóntica» Administración. Son también los que pedían abaratar el despido pero aprobaron una indemnización de 1,9 millones de euros para uno de sus exdirectivos.

El PP planteó esta semana que la futura ley de transparencia afecte también a partidos y sindicatos, como receptores de dinero público. Me sumo a la propuesta, pero que la amplíen también a la patronal.

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