Las bodas de Economía y Mercado

12 marzo, 2012

Una nueva mitología se está fraguando delante mismo de nuestras narices. Tiene todos los rasgos de una nueva religión y, en muchos casos, esa fe substituye ya con ventaja a las viejas y gastadas creencias.


Al frente de esta religión está la Gran Diosa Economía, heredera de las grandes hipóstasis de la Antigüedad, gracias a las cuales conceptos enigmáticos y convenientes, como Fortuna, Victoria, Paz o Libertad, se personalizaban primero y se sacralizaban a renglón seguido. Economía es la diosa a la que todo se sacrifica. Antigua divinidad doméstica, enemiga mortal de su hermana Ecología y mundialmente célebre por sus crisis periódicas de histeria, ella nos promete felicidad tan pronto como esté satisfecha – pero nunca parece estar satisfecha y siempre exige más sacrificios.

Recientemente (en términos universales, digo) hemos asistido a su matrimonio inquebrantable con el dios Mercado, en la raíz de cuyo nombre (Merc-) podemos todavía percibir los acentos de tantos otros dioses y advocaciones vinculadas al comercio y a los ladrones: Mercurio o la Merced, pongo por caso. Como esposo de Economía tiene un gran trabajo que hacer: regular sus ciclos periódicos de malhumor contra los mortales. El dios Mercado es, como lado masculino de la coyunda, lo Sagrado, lo Incuestionable: poner en duda sus poderes testiculares así como su vínculo natural con Economía es un gran tabú, y a quienquiera que se le ocurra tendrá que sufrir graves acusaciones y persecuciones sin cuento – y sin embargo (perdóneseme la herejía), el vínculo que les une tiene todo el aire de una fe supersticiosa: nada prueba que el dios Mercado sepa regular el carácter hostil que la diosa muestra hacia los mortales.

Como le sucede al viejo dios uno y trino de la religión católica, o a la Hidra de múltiples cabezas, el dios Mercado también conoce a las Personas del Verbo. En su forma plural (los Mercados), exhibe su naturaleza irracional, infantil, caprichosa y agresiva, pues éstos siempre han de ser “calmados”, “tranquilizados”, etc. Para propiciarlos, hay que seducirlos y así también congraciarse con la diosa: eso se consigue, al parecer, mediante una buena “imagen” (por ejemplo, “la imagen de España”).

Entre los hijos, primos y demás familia de esta sagrada coyunda hay una constelación de pequeñas y no menos poderosas divinidades menores. En primer lugar hay que hablar del dios Empleo. Escaso y esquivo, constituye la Gran Coartada, la Gran Invocación – el amuleto en cuyo nombre (en la forma, por ejemplo, la “Creación, Generación de Empleo”) se permiten todas las violaciones, todas las agresiones y tropelías.

Estas violaciones de los mortales son perpetradas por las 9 Reformas. Como las Harpías o las Furias de la mitología grecolatina, las Reformas pretenden no dejar títere con cabeza: sientan bien a Economía, pero dañan a la gente sin compasión. Instrumento efectivo de los sacrificios exigidos por la Diosa, sus nombres se repiten incesantemente como mantras a través de todos los Medios de Comunicación. Pegando la oreja a la radio o al televisor, podemos escuchar en boca de los imames llamados “periodistas” tres Dades, tres Encias y tres Ciones: las Dades son Competitividad, Flexibilidad y Productividad; las Encias son Excelencia, Eficiencia y Transparencia; y las Ciones, Desregulación, Privatización y Liberalización

(P.D. Es posible que haya más Reformas que estas 9, y el lector con buen oído es animado a pegar hebra y seguir anotando, pero la misteriosa simetría nominal exigida por las Mitologías de prestigio aconsejaban este bonito número, igual que el de la Musas, y su reparto por tríos).

La nueva Mitología ha generado, naturalmente, sus coros eclesiásticos, sus instituciones y sus principados, poderes y potestades. En primer lugar en este capítulo habría que mencionar a las Siglas: sacerdotes e intérpretes infalibles de la voluntad de la diosa y de sus machos superiores, los Mercados. Ellas saben lo que Economía o los Mercados “desean”, “exigen”, “esperan”, “demandan”, etc. Entre las Siglas más recurrentes e influyentes podemos citar a FMI, OCDE, BM, OMC, UE, BCE (aunque, ciertamente, a veces estos hipocorísticos mutan en advocaciones de tipo local como “Bruselas”, “Berlín” o “Washington”).

Junto a las Siglas debemos mencionar a las Agencias, divinidades propias del folklore norteamericano, que constituyen una forma especial de Encias. Vigilantes activos (de ahí su nombre) de la aplicación de las Reformas, su poder es inmenso, porque son los emisarios (ángeles justicieros) de los irracionales Mercados y traducen en cifras los deseos insaciables de Economía.

N. B. El dios Dinero ha desaparecido de la nueva Mitología: no se habla de él. Se habla de financiación, inversiones, capitalización, recursos económicos y otras mil expresiones, pero mentar al “Dinero” es de mal gusto…

N.B. 2 Nótese que en este marco de creencias, la gente no tiene mayor importancia. Cuando se la menciona se hace bajo advocaciones que ponen de relieve su condición de practicantes y creyentes de la fe económica: no diga ciudadano o trabajador, no diga siquiera gente o pueblo – diga consumidor, contribuyente, empleado/desempleado, etc.

De las gentes sólo se espera que no ofrezcan resistencia a los sacrificios efectuados en el altar de la diosa Economía: si el sermón desde el púlpito no basta, la policía termina la faena.

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