Sembrar árboles en pueblos y ciudades

24 febrero, 2012

El que planta un árbol es superior a los demás (Whitlier).
La Naturaleza es extraordinariamente prolífica producciendo semillas, pero la eficacia a la hora de convertirse en nuevos árboles o arbustos es ínfima. Hay por lo menos estas dos razones:

1. Las semillas son dejadas en el suelo en el más absoluto abandono, a merced de cualquier animal (ave, herbívoro, roedor, insecto, etc.), y expuestas a la climatología más adversa (excesivo sol, agua o frío). Se dice que solo 2 semillas por cada 1.000 llegan a germinar. Y las que germinan vuelven a estar expuestas a los mismos riesgos: animales, climatología…

2. La distribucción de las semillas sobre el terreno es directamente proporcional a la existencia de plantas en ese mismo terreno. Donde hay muchas plantas hay muchas semillas, y donde no hay plantas no hay semillas, salvo aquellas capaces de ser arrastradas por el viento o transportadas por animales que se las han comido y germinan después de haber pasado por sus estómagos, o que las entierran lejos de la planta madre para posterior consumo. Y, de todas formas, volvemos al punto 1.


Por lo tanto, a poco que hagamos nosotros, la eficacia puede aumentar extraordinariamente. Volviendo al punto 1, si las enterramos ya no están tan expuestas, pero podemos hacer mucho más. Por ejemplo, las podemos clonar a través de una rama, o sembrar las semillas en semilleros en nuestra casa y obtener plantitas ya hechas, con lo que hemos avanzado varias etapas. Podemos, en todos los casos, protegerlas físicamente en su ubicación definitiva, con piedras, con estacas, con protectores específicos, con repelentes. Podemos ayudar con algún riego complementario si las lluvias son irregulares…

Y si nos atenemos al punto 2, la distribución que podemos hacer es inmensamente mejor que el que hace la naturaleza, porque plantamos o sembramos donde no hay plantas o son escasas, aunque lo haremos en terrenos no cultivables, respetando los intereses públicos o particulares, etc.

Aplicando una mínima lógica, debemos reproducir la misma clase de árboles y arbustos que ya existen en parajes cercanos, o similares en cuanto al clima, orientación solar, tipo de suelo, altitud sobre el nivel del mar, etc. No introducir plantas foráneas, ni invasoras, que las hay. Así nadie nos podrá reprochar nada.

Cuando tomemos semillas o ramas (esquejes, estacas, estaquillas), que sean de diversos árboles y arbustos, y de los que tengan mejor porte.

Cuando reproducimos plantas por esquejes o estacas, estamos clonando una planta, con la ventaja de que nos va a salir semejante a la clonada (hemos escogido la de mejor porte). Pero no diversificamos genéticamente, lo que no gusta a los puristas.

Cuando reproducimos a través de semillas, biodiversificamos porque genéticamene son diferentes a los progenitores, pero desconocemos el resultado.

Al sembrar o plantar árboles donde no los hay o escasean, estamos instalando una futura fábrica de semillas, que la naturaleza, los animales o los humanos extenderán por los alrededores.

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