Programación del Auditorio Carlos III para enero

5 enero, 2009

La programación para el mes de enero del Auditorio de la Universidad Carlos III.


Más informacion en la web

Albert Pla en Concierto, La diferencia

Sabado 17 de enero, 20.00 H

Esta vez, ALBERT PLA, sube solo al escenario tan solo que, el pobre, tiene que cantar un montón de nuevas canciones mientras toca la guitarra, sin olvidarse de controlar el sonido y de apagar y encender los focos del escenario que cuelgan de una estructura a modo de jaula como si de una barraquilla de feria se tratase.
Es este paraguas de luces unidimensional lo que acaba vistiendo las canciones que cuentan historias trágicas y delirantes, cotidianas y sorprendentes, delicadas y brutales, crudas y irreales en las cuales el verdugo es también víctima, la calma se transforma en tormenta, la comedia convive con la tragedia y la serenidad desemboca en el desenfreno. Todo para hacer evidente la estrecha línea que separa el bien del mal, el blanco del negro, el positivo y el negativo, ¿dónde está la diferencia?
Un espectáculo basado en su último disco LA DIFERENCIA


El retablo de Maese Pedro, Manuel de Falla (1876-1946)

Sabado 24 de enero, 18.00 H

Ópera para marionetas en un acto

Libreto de Salvatore Cammarano y Leone Emanuele Bardare
Orquesta-Escuela de la Sinfónica de Madrid
Edad recomendada: De 6 a 11 años

En el atrio del castillo de Aliaferia, en Zaragoza, capital del medieval reino de Aragón, el viejo Ferrando que fuera compañero de armas del difunto conde de Luna y en ese momento comandante del ejército de su hijo, trata de mantener en vela a sus subordinados a pesar de lo avanzado de la noche, pues así lo requiere la situación del reino casi en estado de guerra civil. Entretanto, el joven conde de Luna se pasea intranquilo por los jardines del palacio real echando nostálgicas miradas a las ventanas de la noble dama Leonora de Sargasto. Ferrando se pone a contar a sus hombres las historias sobre los extraños y legendarios acontecimientos sucedidos mucho tiempo atrás. Hacía mucho tiempo, una gitana llegó hasta la cuna de los hijos del conde de Luna, embrujó a uno de los pequeños y el inocente enfermó como consecuencia del hechizo. La gitana fue perseguida, atrapada y quemada viva en la hoguera En venganza, la hija de la desventurada que presenció la horrenda ejecución de su madre, raptó al hijo menor del conde y lo condenó a la misma muerte espantosa que sufriera su madre. La hija de la gitana jamás pudo ser capturada. ¿La reconocería? -preguntan los hombres de Ferrando. El escudero asistente.


Soledad y ensueño de Robinson Crusoe

Sabado 31 de enero, 20.00 H

Compañía de Teatro El Cruce
Teatro
UN CUARTO DE SIGLO PARA DOS ROBINSONES

Hace exactamente veinticinco años se estrenaba Soledad y ensueño de Robinson Crusoe , de Ignacio del Moral, dirigida por Ernesto Caballero. Para ambos fue el inicio de sus respectivas carreras que, como es sabido, han confluido en numerosas ocasiones más. La más reciente es su trabajo para el Centro Dramático Nacional sobre textos de Miguel Mihura titulado Las visitas deberían estar prohibidas por el código penal . Veinticinco años de trabajo dramatúrgico que pretendemos celebrar precisamente con una nueva puesta en escena de aquella legendaria obra que tuvo tanta repercusión en los por entonces incipiente espacios alternativos.

En esta ocasión se pretende acometer un montaje necesariamente diferente, a partir de un texto que aún atesora ingentes valores tan desde el punto de vista de su efectividad escénica además de su, hoy más que nunca, aguda reflexión sobre el solipsismo de occidente y su obstinado logocentroismo cultural.
En un momento en el que el tan debatido e inevitable cruce entre diferentes culturas está tan encendido, consideramos que la posibilidad de que el espectador de hoy establezca un diálogo lúdico y festivo acerca de la dificultad y al mismo tiempo necesidad de aceptar la diferencia, resulta altamente saludable desde todos los puntos de vista. Y es que esta Soledad y ensueño de Robinson Crusoe sigue tan vigente como los dos creadores que encabezan este proyecto, compartiendo una misma voluntad de establecer una comunicación franca y directa con el espectador de hoy desde un inteligente y luminoso juego teatral.
Luis Caballero- Teatro del Cruce

EL CHOQUE ENTRE NATURALEZA Y CIVILIZACIÓN

La novela de Daniel Defoe sirve de plantilla general a la obra de Del Moral, no tanto la novela en sí misma como el recuerdo que su lectura dejó en el, sobre todo esa idea de choque entre culturas, que si en el ilustrado Defoe era una excusa para mostrar la superioridad europea y especialmente inglesa, en Del Moral está al servicio de una relación entre personas que indirectamente revela pugna dialéctica entre concepciones filosóficas vitales distintas. Viernes y Robinsón tienen en común su soledad y sólo sus respectivos tópicos sociales consiguen separarlos. La crítica de Del Moral se dirige –siempre desde el humor, desde la farsa, desde cierto didactismo brechtiano- a la inconsciencia de esos tópicos, pero que, pese a sus extremas contradicciones, justifican la explotación del hombre, su sometimiento, y la imposibilidad de entregarse a unas verdaderas relaciones humanas. El progresivo despojamiento de esos tópicos va haciendo posible el acercamiento personal, un acercamiento que se puede producir porque –en el plano simbólico o de referencia abstracta- se va resolviendo dialécticamente los profundos contrastes entre ambos planos.

El punto de crisis en las tensiones se produce a raíz del “pecado nefando” de Robinsón, quien no es capaz de soportar el menor vestigio de una contradicción tan grande entre lo que exige su moral y lo que le reclama su instinto; es decir, su pecado reduce el al ámbito de su persona el gran conflicto general. No es tanto el descubrimiento de una hipotética homosexualidad soterrada, o el enfrentamiento con la llamada parte femenina de sí mismo, como la revelación –que no quiere ser admitida en ningún caso- de que nada le separa de los demás, por salvajes que sean, y de que todas las barreras son artificiales. Si Robinsón hubiera aceptado la lección, 1) debería haber permitido un cambio en sus principios morales y la obra terminaría en ese punto o 2) tendría que haber ajustado –tras la petición de perdón- su conducta y el conflicto se hubiera reanudado en el punto anterior a su ”pecado”. Pero no hizo ni una cosa ni otra: simplemente se limitó a negar la evidencia y a eliminar cualquiera de los vestigios que la manifestaran: pesan demasiado tanta historia y tradición como para abdicar del nutriente de tópicos a la primera. Así que a su “pecado nefando” unirá el intento de homicidio: la exasperación de la culpa y los trastornos neuróticos harán que la crisis se agudice y se propicie el salto a una nueva situación de serena expectativa, apoyada en lo humano real antes que en sus presupuestos axiomáticos sobre la convivencia y los valores. La renuncia de Viernes y de Robinsón a marcharse de la isla –además de otras consideraciones- consagra la idoneidad de este modelo de encuentro entre sus dos culturas, sus dos personas, sus dos morales… y se desprecia una vuelta al principio, al prejuicio y a la soledad.

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