¿Delito o vanguardia?

21 marzo, 2008

Iniciativas municipales tratan de ofrecer a los jóvenes espacios para poder pintar sin ser multados que, para algunos, no es lo mismo


Mujeres con el carro de la compra, niños de la mano de sus madres, jubilados desde la valla del antiguo Simago observan cómo se transforma el muro de entrada al barrio de San Nicasio. “Antes estaba muy bonito, pero este también me gusta”, dice una vecina del barrio.

Javi y Javi, Isen y Sonsione, renuevan un muro que en su día pintaron y que el tiempo ha ido desdibujando. Empleados municipales se paran a ver cómo va el dibujo. La limpieza de firmas les tiene ocupados siete días a la semana. Pero ellos tienen permiso. “La idea del Ayuntamiento se basa en acabar con las firmitas a costa de darnos muros, aunque dudo que lo consiga”, dice David Guardia, otro grafitero de Leganés. Él es más crítico. “Todo cambia desde el momento en que tienes permiso y no hay adrenalina”, asegura. Sonsione reconoce que no es lo mismo. Pero “con los años que tengo prefiero pintar sin molestar a nadie”, dice. A él debe Leganés medio centenar de muros, algunos pertenecientes el Museo del Grafiti, otros cedidos por el Ayuntamiento, y otros en locales comerciales que le contratan para decorar sus paredes a través de su web (www.sonsione. com).

Vivir del arte

El Museo del Grafiti de Leganés tiene censados a 54 grafiteros de entre quince y 34 años. Varios muros en Leganés componen las obras de este museo urbano, que es parte de un programa más amplio. “No todos saben pintar un mural”, dice Kiko, responsable del museo. Algunos pasan en los talleres de los centros DeJóvenes de ‘taquear’ (firmar) a decorar un muro. Aunque Sonsione aprendió solo. “Esto no se enseña, al principio coges un bote y no te sale nada, pero con los años acabas mejorando”, cuenta. Sonsione empezó a pintar en el 89, con los trazos aún calientes de El Muelle, que en los años 80 llenó las paredes madrileñas con una firma que pasaría a la historia del grafiti. El Muelle, que murió a los 29 años, vio cómo empleados municipales borraban sus dibujos, que nunca consiguió colocar en galerías. Detrás de él muchos vieron en el grafiti algo más que una gamberrada. También Guardia, que cree que el grafiti se merece un sitio en el mundo del Arte. Mientras salta del muro a la tela, David hace aerografías y diseños (www.decograff. com). Y tiene motivos para seguir empeñado en vivir del arte del grafiti. Gamberro o viosionario, el mítico artista británico Banksy ha colocado este año en una subasta una obra por 200.000 libras.

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