¿Por qué La Gran Periferia?

28 julio, 2007

XII Festival Internacional Madrid Sur.

El Festival Internacional Madrid Sur llega en 2007 a su duodécima edición. De nuevo, estará organizado por la Fundación Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo (IITM), con los municipios de Alcorcón, Aranjuez, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Parla y Rivas Vaciamadrid, la Universidad Carlos III y contará con el apoyo de los Ministerios de Cultura, Exteriores y Cooperación y las Comunidades de Andalucía, Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura y Valencia.


¿Por qué La Gran Periferia?

por José Monleón (director del Festival)

Desde su nacimiento, el Festival ha querido dar la voz a personajes generalmente ausentes de los escenarios, y, sin embargo, cada vez más presentes en nuestra sociedad. Si un día el Teatro vivió básicamente de las hazañas de los héroes o las andanzas de tipos extraordinarios, o en la otra cara, de estampas y romerías populares, la rebelión de la clase media alteró la norma establecida. Y el Teatro se pobló de gentes anodinas, dispuestas a contarnos sus problemas familiares, económicos y sentimentales. Estaba el adorno de los criados y los aristócratas, pero el escenario lo ocupaban los dilemas de la pequeña burguesía. Y sobre eso se construyó una preceptiva, un gusto, y una historia del teatro.

Cierto que durante el último siglo se han producido diversos movimientos- generalmente inspirados por las conmociones políticas- que propusieron otros conflictos y rompieron lo que Rafael Alberti calificó de “podredumbre” del teatro. Hasta llegar al día de hoy, con el mundo adentrado en una nueva situación y la necesidad de un teatro consecuente.

De las múltiples referencias históricas que vendrían al caso, citaremos sólo la evidencia de la crisis de numerosos principios que gozaron hasta no hace mucho de un cierto crédito moral y político. Quizás porque la sociedad de la información y la interdependencia planetaria nos revelan crueldades e injusticias inaceptables que están solicitando la construcción de un nuevo pensamiento. A fin de cuentas, la victoria es un argumento milenario, que ya no satisface a un número creciente de seres humanos.

Entendemos que todo ello está determinando un pensamiento emergente todavía incierto, que corresponde a la construcción de una nueva sociedad, a la que ya no cabe calificar de marginal. Estamos ante la mirada y la reflexión de quienes no han hecho la historia ni han participado en sus debates, y que constatan, por ejemplo, que resulta inaceptable el número de seres humanos que mueren diariamente de hambre, o que carece de sentido que después de ser expoliados y esclavizados durante más de cuatro siglos, muchos africanos mueran ahogados en el Mediterráneo por buscar un sustento en Occidente. Se trata de un pensamiento que no debiéramos contemplar dentro de las contestaciones culturales habituales –como ha ocurrido con las vanguardias o las respuestas marginales, denostadas o valoradas por la vieja sociedad – sino como el resultado de una visión del mundo vinculada a quienes, desde la más distinta procedencia, y a través de las acciones más diversas, reclaman su derecho a ser sujetos de la historia. No olvidemos que, a partir de la I Guerra Mundial, las “bajas civiles” son las que alimentan básicamente el número de víctimas, y, por tanto, que cada vez es más canalla argumentar a sus espaldas las razones y beneficios de una guerra.

Carecemos de un término que nombre satisfactoriamente a esa cultura, precisamente porque todas nuestras palabras están referidas a su relación con un sujeto social que no es el que queremos convocar, En todo caso, nosotros hemos optado por el de “periférico”, en el sentido de que nace de una realidad y un pensamiento que se distingue del “central” y que integra otros intereses, otros horizontes y otra manera de formalizarse. Periférico por su dosis de autonomía, de independencia y de atención al bien común, asumiendo su condición de pensamiento en construcción, que quizá tenga en su último horizonte la alternativa entre una ciudadanía planetaria o el diluvio nuclear.

Así que nos reivindicamos periféricos y dispuestos a trabajar con todos los que se interroguen seriamente por los obstáculos – a menudo ideológicos – que cierran el paso a la integración de los humanos en un proceso racional de respeto y convivencia, Es decir, junto a esa parte silenciada de la humanidad que quisiera desembarazarse de cualquier legado histórico que nos impida avanzar y afirmarnos juntos en el presente.

Obviamente, una información tan desmesurada como la que antecede sólo cabe en el ámbito del arte, en nuestro caso, del teatro, Y quizá en espacios humanizados como lo son todos aquellos donde vive el Festival Madrid Sur. Aquí estamos, en todo caso, los periféricos: las mujeres, los pueblos que se mezclan, los que nos recuerdan la crueldad de las guerras, los niños maltratados y la infancia democrática, los inmigrantes, los de la orilla sur del Mediterráneo, los grupos del Madrid Sur, los de las películas que abren los ojos, los que intentan explicarlo en la Universidad.

Otra vez, lo mismo que en los once años anteriores: pensar con la imaginación, celebrar juntos la asamblea lúdica que quiso un día hacer del teatro una forma de conocimiento. Con la satisfacción de tener a nuestro lado a Eugenio Barba y a Salvador Távora, dos de los grandes maestros del mejor teatro periférico del mundo.

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